viernes, 28 de agosto de 2009

HERMANO DEL ALMA

Peleamos, no dejas de joder, eres amable cuando eres culpable, no puedes quedarte quieto, siempre intentas desafiar a todo lo que tienes al frente, y me arrastrar hasta quedar tan embarrado en la culpa.

Hace dos días desapareciste pero yo nunca me alarme son muchas las veces que desapareces, dos día tal vez tres, y siempre regresas porque conoces muy bien el camino de regreso.

Recuerdo que la primera vez que peleamos terminamos con tantos moretones que nuestros familiares se reían al vernos, como si se tratase de un espectáculo de lucha libre. Tú aquel día estabas enojado, no por la pelea y mucho menos por los familiares una tía metiche con sus hijos, unos primos que más parecían enemigo del alma antes que primos de sangre. La rabia te embargaba porque habías prometido a nuestra madre que ya no tendrías problemas con su hermana. Solo eso te contenía de arremeter contra aquella señora.

Nunca me ocupe de los asuntos familiares a pesar que sabia que nuestro padre estaba al borde del embargo por que su hermano a quien había ayudado en un préstamo como garante, huyo de ciudad a algún pueblo por ahí, dejando a su esposa e hija al cuidado de los padres de ella. Papá no odiaba a su hermano y yo no podía entender por que seguía pendiente, como si fuera a regresar. Acaso conocía tan bien a su hermano que ya sabia que este nunca iba a terminar de pagar la deuda, tanto lo quería, no me lo explico.

Hoy cuando al verte entrar por la puerta de la sala esperaba que actuaras de esa forma clásica tuya, fresco y sin remordimientos, con toda la tranquilidad a pesar que los gritos de los viejos te esperaban en la cocina. Te diste cuenta que estaba en la sala intentando dormir recostado en el sofá, solo atinaste a decir – buenas – con una seriedad que por primera vez me preocupo. Te demoraste en la cocina diez minutos, saliste te acercaste a mí y me dijiste – adiós hermanito – fue en ese momento, con esas dos palabras, con ese brillo en los ojos que entendí por que mamá te pedía que no pelearas con la tía, porque nuestro padre esperaba noticias de su hermano, y es que no importa el tiempo, los cambios o las decisiones que tomes, somos hermanos y nunca dejaremos de serlo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario